Las teclas de las calculadoras sirven para introducir números, realizar operaciones aritméticas, calcular funciones importantes, etc. La mayoría de las calculadoras contienen teclas con unas funciones básicas: ,
,
, etc. y la mayoría de esas funciones son aburridas. En un día de esos en los que no se tiene nada mejor qué hacer, podemos analizar el comportamiento “a largo plazo” de algunas de ellas, y ver si les sacamos algo de provecho:
La Tecla
Vamos a suponer que tenemos la tecla Se puede hacer el siguiente ejercicio. Iniciando con un valor arbitrario (digamos 0.5427) en el intervalo (0,1) vamos a iterar unas cuantas veces los resultados sucesivos. Esto es, se escribe en la calculadora el número 0.5427, y a continuación
varias veces. En caso de que la calculadora no tenga la tecla
, se puede obtener un resultado equivalente con X y luego =.
El resultado de hacer esto, es que muy rápidamente veremos que las iteraciones se acercan y finalmente convergen al punto estable 0. De hecho, bastan unas 5 iteraciones.
La tecla
Vamos a elegir ahora la tecla . Con esta tecla calculamos el coseno de un ángulo. Es importante que antes hayamos puesto nuestra calculadora en el modo Radianes. Elegimos un número arbitrario entre 0 y 1 y aplicamos la tecla sucesivamente a los valores que vayan apareciendo. Si lo hacemos unas cuantas veces, unas 30, observamos que este mapeo converge a un valor estable igual a 0.739085, como puede verse en la siguiente gráfica.
La Tecla
Tomemos ahora otra función trigonométrica, la tangente. Y vamos a hacer la misma rutina. Comenzamos con el número 0.5427 y presionamos la tecla
Hay que admitir, de entrada, que esta serie tiene un comportamiento extraño. hasta la cuarta iteración, los números suben, pero en la quinta bajan, y a partir de la sexta, parecen establecerse alrededor de 0. Pero, ¿de verdad están acercándose a un número? Para responder a esta pregunta, podemos hacer un acercamiento a la figura anterior acotando un poco el eje de las Y.
De hecho, la serie no está convergiendo. Esto se puede ver fácilmente si iteramos más veces, digamos, unas 4 mil. Sí, es mucho para hacerlo en una calculadora manual, pero se supone que tenemos mucho tiempo libre. Si almacenamos esos datos y los graficamos, vamos a obtener la siguiente figura:

4000 iteraciones muestran que la función tangente no converge (al menos en esas primeras 4 mil), aunque presenta períodos de relativa estabilidad.
No tenemos que hacerlo más veces. Es un hecho que ese mapeo no converge, aunque hay veces que parece realmente hacerlo, y se queda “estancado” cerca de un punto. Éste caso, nos deja la importante lección de que no todas las teclas de la calculadora caen a un sólo número. En tanto que
La Tecla
Bueno, nunca me he encontrado con una calculadora que tenga esta tecla, pero podemos crearla. Vamos ahora a construir la tecla
1) Escribimos 0.5427
2) Tecleamos X e =
3) tecleamos -1 e =
4) Repetimos los pasos 2) y 3) muchas veces.
Esa es la receta, pero ya que somos programadores, bien podemos escribir unas cuantas líneas de código para que el trabajo sea mínimo. El siguiente es un programa en el lenguaje C, pero el algoritmo se puede escribir fácilmente en cualquier otro.
/*+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
* *
* Este programa itera una <<tecla especial>> de la *
* calculadora. *
* *
* +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++*/
/*+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
* *
* ALGORITMO: *
* Mientras la variable n sea menor a N *
* x(n+1) = k(x*x) - 1 *
* incrementa n en uno *
*++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++*/
#include <stdio.h>
#define N 100
int main()
{ /*Abre main*/
int k = 1; /*Esta variable se puede cambiar*/
int n; /* Variable contador */
double x = 0.5427;
for ( n = 1; n <= N; n++ )
{ /* Abre for */
x = k*x*x - 1;
printf("%f\n", x);
} /* Cierra for */
return 0;
} /*Cierra main*/
Los resultados que arroja ese programa son los siguientes:
-0.705477 -0.502303 -0.747692 -0.440957 -0.805557 -0.351077 -0.876745 -0.231319 -0.946492 -0.104154 -0.989152 -0.021578 -0.999534 -0.000931 -0.999999 -0.000002 -1.000000 -0.000000 -1.000000 0.000000 -1.000000 0.000000 ...
Tal vez no sea evidente a partir de la lista, pero los números presentan un comportamiento errático al principio, empiezan a oscilar y finalmente se establecen en 0 y -1. La siguiente gráfica muestra la evolución

Para la aplicación x = x*x – 1, Iniciando con un número en (0,1), después de unas cuantas iteraciones, se llega a un par de puntos fijos: 0 y 1.
La Tecla
Vamos construir una tecla más. Una muy parecida a la anterior. De hecho, lo único que cambia es el 2 que multiplica a
Esta iteración no converge a un punto, ni a dos. Tampoco muestra periodos de relativa regularidad, como

Sensibilidad fuerte a las condiciones iniciales en el mapeo . Un par de puntos con una diferencia de 0.0001, divergen después de algunas iteraciones.
Las dos últimas teclas muestran el comportamiento del mapeo
Un profesor de mecánica, solía decir que los físicos con una teoría, son como niños con un objeto interesante. Cuando un niño se encuentra un objeto que le atrae, lo mira de frente, lo mira de lado, lo gira, etc. El objeto sigue siendo el mismo, pero su comprensión se facilita con todas esas perspectivas. Lo mismo hacen los físicos con las teorías. Para finales del siglo XVIII, la mecánica newtoniana había sido reformulada y reconstruida de distintas maneras. Ninguna nueva ley había sido descubierta, pero el conocimiento se había incrementado. Tan grande era la confianza y tan grande era su rango de aplicaciones, que el matemático francés, Pierre Simon, marqués de Laplace llegó a escribir una frase que desde entonces se hizo célebre:
“Un ser inteligente, que en un instante dado conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza y las posiciones de los seres que la forman, y que fuera lo suficientemente inmenso como para poder analizar dichos datos, podría condensar en una única fórmula el movimiento de los objetos más grandes del universo y el de los átomos más ligeros: nada sería incierto para dicho ser, tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos”
Ésta declaración tiene incluso implicaciones filosóficas, aunque esa es otra discusión. En realidad lo importante, es que el mundo mecánico del siglo XVIII era visto como un sistema de relojería. Todo el universo era un engranaje enorme, del cual podía saberse el pasado y el futuro, con tal de saber las condiciones iniciales y la ecuación que lo gobierna. Tuvo que llegar la mecánica cuántica más de un siglo después para acabar con éste optimismo. Si no somos capaces de dar certeza sobre un electrón, menos lo somos para hablar del universo. Y sin embargo, no es necesaria la mecánica cuántica para derribar esta visión de relojería.
El estudio del comportamiento a largo plazo de las teclas de calculadora que hemos visto, y que en realidad son mapeos simples, dejan una lección muy importante: muestra que una ecuación sencilla, no necesariamente conduce a una dinámica sencilla. De hecho, el caso de las teclas
Tal vez la característica más conocida de un comportamiento caótico, sea la sensibilidad fuerte a las condiciones iniciales. Iniciar en un par de puntos muy cercanos, no garantiza que terminemos en puntos cercanos. La segunda figura de la Tecla
Si usted tenía la idea de que las ecuaciones que predicen el comportamiento de los sistemas dinámicos eran, más o menos como una bola de cristal para ver el futuro, es bueno reconsiderar esa postura. El caos está saltando desde las teclas de su calculadora de bolsillo. Los modelos de población, los modelos económicos, los movimientos de la bolsa de valores, entre muchos otros fenómenos, presentan caos. El ecólogo Robert May dijo en un famoso artículo en 1976:
“No sólo en investigación, sino en el mundo ordinario de la política y la economía, estaríamos mucho mejor si hubiese más gente que comprendiera que los sistemas simples no poseen necesariamente propiedades dinámicas simples”.




